20 Mar 2022 Una realidad invisible
De todos es sabido el desinterés general de la sociedad por la población penitenciaria,
comenzando a ser los centros de internamiento un lugar en el que acumular a gente que por
diferentes motivos no interesa que esté en la sociedad (y siendo por desgracia este medio el
más elegido entre todas las alternativas de represión de la delincuencia por el populismo
punitivo en el que cada vez nos adentramos más).
Partiendo de la base de que cada vez las penas de prisión son mayores (claro ejemplo de ello
es la prisión permanente revisable) y más en nuestro país, que se encuentra por encima de la
media europea aun cuando la tasa de delincuencia es más baja y los delitos, en su inmensa
mayoría son menos graves y leves, cabe destacar que pese a ser un recurso tan utilizado en la
población general existe un gran desconocimiento de la realidad que se vive en prisión,
llegando a considerar estos centros como un lugar idílico en el que vivir y en el que los que
allí se encuentran tienen una total comodidad porque cuentan con medios e instalaciones que,
por otra parte, son básicas en el desarrollo vital de las personas, como televisión, gimnasio,
piscina u otras infraestructuras que fomentan la resocialización.
Gracias a la Clínica Jurídica de Acción Social hemos tenido la suerte de acercarnos a esta
realidad y a una problemática tan invisibilizada como son los centros penitenciarios. Sin
embargo, no todo es positivo, comenzando por la accesibilidad al centro, pues no solo Topas,
sino la gran mayoría de las prisiones se encuentran en lugares alejados de los núcleo de
población, lo que, evidentemente dificulta la posibilidad de los internos de tener visitas con
las consecuencias negativas que ello implica por la falta de contacto con el exterior que tan
importante es en una situación de privación de libertad.
Desde una posición crítica, en el interior de los establecimientos se puede observar que en
efecto es una parte del sistema en el que no interesa invertir (pese a la importancia del
mismo), pues, aunque existen grandes mejoras en comparación con décadas anteriores es
destacable la falta de material de los centros como la inexistencia de prensa diaria o los
recursos materiales en zonas como el gimnasio. De hecho, más allá de lo material, como bien
hemos podido aprender a lo largo de diversos seminarios, tampoco hay capacidad
institucional para llevar a cabo, por ejemplo, distintos programas con los internos, sino que
esta carencia de recursos humanos debe ser suplantada gracias al loable esfuerzo de
organizaciones como Cruz Roja o asociaciones como Beatriz de Suabia.
Además, el problema no termina ahí, pues por desgracia he podido comprobar que, bajo mi
punto de vista, no solo es la sociedad la que mira hacia otro lado, sino que cuando quieres
acercarte, tampoco se pueden ver todos los pormenores de la vida diaria de los privados de
libertad. Un ejemplo de ello es que en nuestra visita solo accedimos a las zonas más
agradablemente vistosas como a la Unidad Terapéutica Educativa (UTE) y al módulo de
respeto de la prisión, viendo por tanto la cara más amable del sistema, pero sin poder
acercarnos ni siquiera un poco a todos aquellos problemas que pueden surgir en aquel lugar,
cuando para que puedan mejorarse las deficiencias del sistema se deben visitar también las
zonas menos “amigables” del mismo.
Creo que es necesario reflexionar, en primer lugar sobre el porqué de la falta de interés de
nuestra sociedad ante una realidad tan importante en nuestro país (ya que esto deriva en una
inevitable falta de recursos que solo haría que fuese más sencillo hacer efectivo el artículo
25.2 de la Constitución con aquellos que estén dispuestos a utilizar los medios ofertados),
pues con el mantenimiento de la invisibilidad del sistema no solo no permitimos que este
mejore, sino que, al mantener estos muros y esta separación entre la población y la estructura
penitenciaria afianzamos este lugar como un espacio oscuro, lúgubre y tétrico.
Y por otra parte, creo que es necesario meditar el hecho de que si desde los centros no se
muestra, a aquellos que conformamos el futuro y una posible opinión crítica que permita
precisamente que sea un tema de interés en la sociedad, lo que verdaderamente ocurre en los
centros penitenciarios, poca reflexión y repercusión vamos a poder generar ya que nuestra
visión será una mera utopía que parte de una realidad completamente sesgada.
María Duque Saavedra
Línea de Intervención Penitenciaria y Derechos Humanos
Clínica Jurídica de Acción Social