27 Abr 2023 Del mito al hecho, hay un trecho. Crítica a Alfonso Guerra
“El olvido es una forma de mentira”. Así relataba Svetlana Alexievich lo que ha sido y es el olvido sobre los testimonios de soldados, oficiales, políticos, enfermeras, prostitutas y madres que vivieron el infierno de la guerra en Afganistán negada por la Unión Soviética.
En contraposición, nos encontramos con la figura mítica del Partido Socialista Obrero Español, el ex vicepresidente del gobierno durante los años de Felipe González, el sevillano Alfonso Guerra. El licenciado en Filosofía y Letras ha tenido la oportunidad tras ser vicepresidente del Gobierno de poder escribir libros donde ha podido relatar su experiencia ocupando este cargo orgánico y, además, ha sido capaz de jactarse de su supuesta capacidad plenipotenciaria de conocer sobre los asuntos políticos en la nación española.
Concretamente, en su libro “La España en la que creo: en defensa de la Constitución”, hace una reflexión sobre la política del país durante los últimos compases de 2018. Y habla, obviamente, de lo que supone el hecho de la memoria histórica. El que fuese vicesecretario general del PSOE fulmina a la actual gestión del partido con motivo de la protección de las víctimas que han sido atentadas a causa del franquismo, haciendo alusión a que “si ellos hubiesen estado en nuestro pellejo, se verían obligados a actuar de la misma forma”. Y es que defiende que la verdadera reparación está en el olvido, como si de una relación amorosa se tratase, idea que nunca ha tenido pudor en defenderla.
Ahora bien, le pregunto directamente al señor Alfonso Guerra, ¿qué ocurre con las familias que quedaron en el camino gracias a su gestión en el gobierno? ¿Ellos no merecen el reconocimiento digno que cree merecerse usted? Abrir el juicio de los hechos genocidas por las tendencias ideológicas, sexuales, de identidad de género del franquismo, durante su gobierno, no hubiese abierto heridas, las hubiese cerrado y, sobre todo, se hubiese amparado a aquellos despojados de la memoria de sus familiares, de una España que se debió consolidar con valores únicos. Quién sabe lo que hubiese sucedido si en su momento, cuando el PSOE gobernó por primera vez en la España democrática del 78, hubiese comenzado con buen pie, reparando, conciliando y honrando la memoria de los caídos. Quién sabe cómo se hubiese construido una verdadera y fuerte identidad de los españoles en los términos comunitarios a partir de lo que él cree que sería “reabrir heridas”, frente a la actual fragmentación territorial, a la que “Alfonso el Grande” culpa al nacionalismo catalán. Quién sabe, quién sabe, quién sabe… Alfonso Guerra.
Miguel Salinas Olarte
Línea de Memoria Democrática
Clínica Jurídica de Acción Social