18 Mar 2024 Un héroe de aquí que solo en Francia se recuerda
Celestino Alfonso Matos es un hombre que pasará a la historia, y muchos se preguntarán por qué o simplemente de quién hablamos Pues bien, Celestino, de origen salmantino, emigró muy joven con su familia a Francia. Allí militó en el Partido Comunista y regresó a España para defender la República en 1936. Retornó a París tras la derrota, donde poco después le sorprendió el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Francia fue tomada por los nazis en 1940 tras la derrota de la fatídica Batalla de Francia, ocupación que se mantuvo hasta la liberación en el año 1944.
Por aquel entonces, Celestino Alfonso formaba parte del grupo FTPF-MOI, cuyo líder era el armenio Missak Mannouchian. El grupo se componía principalmente por inmigrantes comunistas y judíos que ejercieron una labor encomiable de resistencia contra las fuerzas de ocupación alemanas. Ya en 1943 habían realizado más de 30 operaciones contra las fuerzas de ocupación, entre las que destacó la ejecución de Julios Ritter, coronel SS, que supervisaba en Francia el Servicio de Trabajo Obligatorio.
Este atentado provocó una busca y captura contra la organización, cuyos miembros fueron detenidos y entregados a la Gestapo, sufriendo innumerables interrogatorios y torturas antes de ser fusilados el 21 de febrero de 1944 en el fuerte de Mont-Valérien (lugar que actualmente conmemora a la Resistencia francesa).
Ese mismo mes de febrero de 1944, antes de su fusilamiento, las autoridades nazis difundieron un cartel de color rojo conocido como “L´Affiche Rouge”. En él, se mostraba el rostro de diez miembros del grupo, junto con un mensaje que les acusaba de actos terroristas. Aunque la finalidad del mismo era desacreditar y demonizar al grupo resistente, el efecto conseguido fue totalmente el contrario. El grupo se convirtió en un símbolo de lucha y sacrificio por la resistencia y la libertad contra la opresión.
Recientemente, se ha anunciado que el nombre de Celestino (junto con el resto de los miembros fusilados) será inscrito junto a la tumba de Mannouchian en el Panteón de París, comúnmente conocido como “El Panteón de los Hombres Ilustres”. Se trata de un hecho histórico, pues hasta ahora ningún otro español había merecido honor semejante.
Todo ello tiene mucho que ver con nuestra línea de la Clínica Jurídica, pues dicho Panteón tiene una relación significativa con la memoria democrática, debido a que se erige como un lugar de conmemoración para aquellas personas que han contribuido de manera destacada al desarrollo de la democracia francesa. Dentro de sus muros se rinde homenaje a aquellos que han desempañado un papel crucial en la historia política, cultural, científica y social de Francia, y por ese motivo merecen respeto, reconocimiento y homenaje. Todo el panteón sirve para recordar los valores fundamentales sobre los que se constituye la democracia, y con ello se busca no olvidarlos nunca para que no se repitan los horrores del pasado.
La guerra provocada por los golpistas del 17 y 18 de julio de 1936 contra la II República española supuso la instauración de una dictadura de corte fascista avalada por la Alemania nazi, con miles de muertos, desaparecidos, torturados, niños robados, exilios… y otras tantas atrocidades en clara vulneración de los derechos humanos. Dejando a su paso una dictadura que presentaba a los resistentes antifranquistas como “bandoleros” a los que había que exterminar, justificando sus asesinatos y detenciones.
Celestino Alfonso fue uno de esos guerrilleros españoles que luchó por su país y que también lo hizo en Francia, como resistencia a la ocupación nazi. Pero existe una diferencia importante entre una y otra situación, pues mientras que en España, a estos guerrilleros se les tachaba de delincuentes, en Francia, sin embargo, eran héroes.
Por ello, es destacable que el Estado francés sepa homenajear a los extranjeros que combatieron y murieron en la liberación de la nación durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho, si visitamos el país, es evidente la presencia de los numerosos monumentos y reconocimientos que tienen los españoles que lucharon contra Franco, y que, tras su derrota, se exiliaron en Francia, siguiendo su lucha de liberación en el país vecino.
En España, sin embargo, no corremos con esa suerte, ojalá se homenajeara y se rindiera reconocimiento a todos aquellos que combatieron por la democracia y que lucharon por los derechos y libertades en los que hoy se asienta nuestro Estado social y democrático de derecho.
Resulta paradójico que Celestino, como otros tantos, no haya tenido homenaje alguno en su país de origen, ni tan siquiera en su pueblo natal y, en cambio, sigan existiendo símbolos exaltadores del franquismo. Problema este en gran medida atribuible a nuestros dirigentes políticos, pues al homenaje del ingreso en el Panteón de Hombres Ilustres de París, que recalcamos que ha sido un hecho histórico (por ser el primer español), no acudió ningún mandatario de Castilla y León, ni de la provincia de Salamanca. Ello denota la falta de interés a la hora de homenajear a las víctimas del franquismo y para la búsqueda y apertura de fosas comunes con el objetivo de rescatar y reparar la memoria de las víctimas, quedando pues, en papel mojado, aquello que predica la actual Ley de Memoria Democrática.
Noelia Acero Sánchez
Estudiante de la Línea de Memoria democrática
Clínica Jurídica de Acción Social